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sábado, 15 de septiembre de 2012

Agua sucia, energía con bacterias.

La falta de agua potable afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo, un problema que se agravará en las próximas décadas. Diversos investigadores trabajan en nuevas tecnologías para mejorar los actuales métodos de purificación y cubrir la cada vez mayor demanda de este preciado elemento. Las fórmulas son muy variadas e innovadoras: filtros sin productos químicos, sistemas que funcionan con energía solar, con microorganismos, con nuevos materiales, o aparatos que extraen agua del aire.
Tratar el agua es cada vez más caro. Una de las principales razones es el gran incremento de los precios de los productos químicos básicos utilizados, según un estudio de la Fundación Water Environment Research. El desarrollo de métodos no químicos puede ser una de las posibles soluciones. Esta prometedora área de trabajo mueve ya en EE.UU. más de cuatro mil millones y medio de dólares, y en ella se prueban sistemas muy diversos: intercambio de iones, exposición a rayos ultravioleta, nanomebranas, ultrasonidos, etc. Los expertos en biorremediación utilizan microorganismos para limpiar determinados residuos tóxicos. Algunos investigadores han trasladado esta idea al terreno del tratamiento del agua.
La desalación bacteriana es la fórmula que utiliza un equipo de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.). Esta tecnología se basa en una célula de combustible biológica, de manera que las “bacterias-batería” producen la energía para el filtrado. Su responsable, Bruce Logan, reconoce que todavía es un procedimiento caro y no elimina la sal del todo, pero confía en mejorarlo. Mientras, sugiere, se podría aprovechar para pre-tratar el agua de mar o para desalar agua a la vez que se extrae energía.
Diario Ecológia.com

sábado, 11 de agosto de 2012

Centrales eléctricas de bacterias que consumen basura


Centrales eléctricas de bacterias que consumen basura


Los microbios pueden convertirse en un sistema para producir energía a partir de los residuos


Shewanella, una de las bacterias que producen electricidad / Ayacop


Cuando tiramos comida a la basura estamos desperdiciando energía. Según Bruce Logan, investigador de la Universidad del Estado de Pensilvania, en los compuestos orgánicos de las aguas residuales de Estados Unidos hay una energía potencial equivalente a 17 gigavatios de potencia instalada, la misma que en más de 11.000 turbinas eólicas. Aprovechar esta fuente de electricidad ahorraría además parte de la energía que se dedica al tratamiento de estas aguas residuales.
En una revisión de lo que se conoce sobre la materia, publicada esta semana en Science, Logan apunta a los microbios como aliados fundamentales para lograr aprovechar las enormes cantidades de energía que se esconden en la basura. Las bacterias que se pueden emplear para producir energía, conocidas como exoelectrógenas, tienen la capacidad de consumir la materia orgánica y transferir electrones que son aprovechados para producir electricidad.
Como se explica en el artículo, los microorganismos generadores de electricidad más estudiados son Geobacter y Shewanella, pero hay muchas otras bacterias con habilidades similares. Dada la diversidad de la basura orgánica, son necesarios muchos tipos de microbios para degradar los distintos componentes. Pero entre todas, las bacterias son capaces de producir electricidad a partir de casi cualquier tipo de material orgánico o inorgánico, desde el etanol o el hidrógeno, hasta los restos de animales o la celulosa.

Producción de hidrógeno

En principio, las técnicas de producción de electricidad con microbios deberían tener la misma capacidad de generación que las células de combustible convencionales y alcanzar una eficiencia energética aún mayor. Sin embargo, la tecnología no ha conseguido grandes rendimientos y han surgido dudas sobre la posibilidad de que las bacterias lleguen a ser algún día una fuente de energía competitiva. En este sentido, se plantea que una utilidad más cercana para los microbios es la producción química de hidrógeno a partir de las aguas residuales, sustituyendo la electrolisis, con el consiguiente ahorro energético.
Los autores del estudio reconocen que aún hay mucho trabajo que realizar para que estas tecnologías de reciclaje y producción de energía se hagan un hueco en el mercado. Uno de los factores claves será bajar el precio de los electrodos que sirven para recuperar la energía producida por las bacterias. Otro, que el incremento en el precio de la producción eléctrica con métodos más convencionales y la necesidad de sistemas que no produzcan emisiones de dióxido de carbono incentiven la inversión suficiente para que esta tecnología sea rentable.
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